La mala letra de una geisha

Atardecer

De pequeña me preguntaba por qué no podía saltar más allá del horizonte y flotar en el espacio. Después de unos años quería ser parte del atardecer y envidiaba a los que ya no estaban porque creía que ellos podrían tocarlos. Hace un tiempo que me refugio en ellos, se convirtió en una obsesión contemplarlos. Siento que cuando el sol se esconde, también lo hacen mis pensamientos. Quería que me agarrasen de la mano hasta hacerme daño y he decubierto que son las caricias las que me erizan el vello. Me persigue la tranquilidad porque pienso que las personas no son malas, que algunas no son para mí pero que hay ojos con los que conecto y con los que quiero vivir. Que con cicatrices en el alma solo quiero manos que me curen, que las malas miradas no dejo que se repitan. Que sé lo que es echar de menos al hombre de mi vida y desde entonces cualquier problema es tontería. El otro día me dijeron que cuando callo observo, que analizo, que pienso. Crecí con un padre que ofrecía un cigarro tanto a un compañero de trabajo como a un indigente. Admiraba tanto su humildad que lo tengo grabado en mi adn. Mientras el sol deja de iluminar la ciudad con calma, me sereniza saber que aunque no llegue a ser ni su sombra, existieron y existen personas que aún me miran a los ojos preguntándome qué tal. Que con su presencia me arropan.  Que me enseñó a no señalar a nadie, a pensar que todos tenían su historia y sus porqués. Que compartía partidos de fútbol con quien se le ponía enfrente, que me decía "esforzarte al máximo es la mayor muestra de respeto a tus compañeros" y yo me rompía los pantalones atrapando el balón. Que me decía "eres maravillosa annetxin" y desde entonces sólo quiero gente que me haga sentir así. Que me enseñó a que no supone un esfuerzo querer a alguien, que fluye. Que amó sin levantar la voz y rodeado de sonrisas. Evitaba a quienes le faltasen el respeto y yo no aprendí a hacer otra cosa, que deseó el bien hasta al menos respetable. Que tanto él como ella han buscado mi mejor versión y que aunque la peor también existe, la guardo en un cajón. Hoy miro el atardecer y vuelvo a mi hogar, que me acompaña cada día y es donde puedo volar.

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: